HISTORIAL 9: EL PACIENTE DEMENTE

Llegó al hospital a los pocos meses de mi ingreso. En la sala social se sentaba en el suelo, pegado siempre a la misma pared, bajo la TV. Y miraba, miraba a cada persona fijamente durante minutos, después su mirada cambiaba a otra, y a otra, y a otra. Los demás pacientes protestaban, les costaba concentrarse en la TV con el mirón debajo. Algún guardia le movió de allí en alguna ocasión, pero volvía. Le dejaron en paz y nos acostumbramos a su presencia. Nunca hablaba.

Le pedí a Bernardo su historial. Bernardo estaba vendido desde que pudo hacer realidad su obsexion gracias a mí. Pero esta es otra historia, y hoy quiero hablaros de él. Del 9.

Su historial era escueto, y concluyente: estaba desquiciado, intratable, destinado a pasar sus días encerrado. Lo más sorprendente era su edad, solo tenía 33 años. Repasé las fechas incrédula, llevaba hospitalizado desde 1990,  es decir, desde los 12 años.

¿Cómo era posible que, tan joven, hubiera desarrollado la enorme cantidad de parafilias que figuraban en su expediente?

Tuve claro lo que tenía que hacer para llamar su atención.

Esa tarde, me senté en la primera fila de asientos. Abrí mi pantalón dejando a la vista mi sexo desnudo. Cuando me tocó el turno de mirada vi un ligero fruncimiento de ceño. Y se quedó ahí, ya no desvió sus ojos hacia nadie más.

MI ADMISIÓN EN LA BARRACA

Tenía 16 años cuando mis padres decidieron encerrarme en el hospital psiquiátrico Santo Angel de la Guarda o la Barraca, irónico nombre.

Lo que creí era el fin de mi vida, no lo fue.

Descubrí que la locura era el camino directo al entendimiento de la realidad, y de mí misma.

Los locos y locas  se convirtieron en amores, amantes, amigos.

Los guardias en aliados.

Me hice pasar por una doctora infiltrada. Al principio lo hice para acceder a sus cuerpos, pero finalmente fueron sus desquiciadas mentes las que me convencieron de que lo que hacía era correcto.

Me convertí en D. Luv para ellos y ellas. Lo único que hice fue llevar a cabo sus obsexiones. Esas perversiones que les habían llevado al estado aniquilante de falta de libertad.

Creamos un nuevo mundo dentro de la Barraca.

Nos curamos, hicimos realidad nuestras parafilias, fuimos nosotros mismos.

Nos liberamos.

Y ya nunca quisimos salir de allí.